Asumir compromisos profesionales exige responsabilidad, talento y pasión, pero también implica conflictos éticos y morales que deben saberse manejar en momentos críticos, sobre todo cuando se enfrenta a la muerte de los demás. Un gran reto, no hay duda, pero esto nos vuelve mas humanos. He aqui un ejemplo de esa dualidad.
Bienaventurado el hombre (Salmo 1)
Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas del Partido ni
asiste a sus mítines
ni se sienta a la mesa con los gánsters
ni con los Generales en el Consejo de Guerra
Bienaventurado el hombre que no espía a su hermano
ni delata a su compañero de colegio
Bienaventurado el hombre que no lee los anuncios comerciales
ni escucha sus radios
ni cree en sus slogans
Será como un árbol plantado junto a una fuente.
Ernesto Cardenal
miércoles 3 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada